
El 2 de agosto de 1901 Isabel Catez entra en el Carmelo para convertirse en Sor Isabel de la Trinidad. Tiene que acomodarse al nuevo ambiente, nuevas personas, nuevas costumbres y formas de ver la vida. El corazón de Isabel sufre por su madre, inconsolable por la partida de su hija.
Una cosa es vivir el espíritu del Carmelo desde el mundo y otra en una comunidad de clausura con personas muy concretas. Isabel es la más joven de la comunidad en la que hay varias enfermas. Un mundo muy limitado y estrecho en el que es preciso entenderse, convivir y aceptar a las personas con sus limitaciones concretas, pero que transfigurado por su gran fe se vuelve luminoso. El 21 de noviembre de 1904 Isabel lo pasa, ante el Santísimo. Por la noche redacta una oración, que es expresión de su entrega al Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Muere de la enfermedad de Adison el 9 de noviembre de 1906.
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